La tregua del IPC, el repunte silencioso de la comida y la factura que se acerca
La inflación general parece haberse tomado un respiro, pero la realidad de los alimentos en la cesta de la compra es una historia muy distinta, con subidas que nos tocan el bolsillo de verdad. Y lo peor, quizás, esté por venir cuando las ayudas fiscales desaparezcan.
Uno mira las cifras del IPC general y casi podría pensar que estamos saliendo del túnel. El dato de junio, por ejemplo, se ha quedado clavado en un 3,2%, calcando lo de mayo, lo que según algunos expertos daría una sensación de estabilidad. Una cifra que, en otros tiempos, hubiéramos visto con más preocupación, pero que ahora, tras unos años de vértigo, casi nos parece un logro.
Pero claro, una cosa es el IPC general y otra, la cruda realidad de la cesta de la compra. Si miramos de cerca, la historia cambia bastante. El coste de los alimentos en España, ese que nos afecta cada día, subió un 2,20% en mayo respecto al año anterior. Y la cosa no mejora, la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ya ha alertado de un “leve repunte” de los precios de los alimentos en junio. Hablan de carne y charcutería como los protagonistas de este nuevo empujón al alza, justo cuando el bolsillo empieza a flaquear después de meses de contención.
Mientras la inflación general da esa supuesta "tregua", en el supermercado la película es otra. Las grandes cadenas, por supuesto, están en su particular guerra de precios, intentando captar y retener clientes a base de promociones y "congelaciones" de cientos de productos. Mercadona, Carrefour, El Corte Inglés, todas se han lanzado a esta batalla. El Corte Inglés, por ejemplo, anunció que mantendría un precio fijo en 300 productos básicos durante noventa días. Carrefour, por su parte, contraatacó rebajando hasta mil referencias. Son esfuerzos, eso es innegable, para que el consumidor no salga corriendo. Se puede comprobar, de hecho, cómo se mueven esos precios en un comparador como Comparaloo.
El problema es que, como siempre, hay un elefante en la habitación: las medidas fiscales del Gobierno para paliar los efectos de la inflación. Esas ayudas, especialmente las relacionadas con la energía y los carburantes que indirectamente afectan a toda la cadena de suministro alimentaria, tienen fecha de caducidad. Se espera que finalicen en julio, y la OCU ya pronostica que cuando eso ocurra, los precios “subirán mucho más”.
Así que, mientras nos dicen que la inflación se estabiliza, el termómetro de nuestra nevera parece marcar otra cosa. Nos esperan meses, con la retirada de las ayudas, en los que la "tregua" de los grandes números podría convertirse en una factura más abultada en la caja, y la sensación de que, una vez más, la estabilidad macroeconómica no siempre se traduce en un respiro para la economía doméstica.