La rebelión de los perseguidores: por qué el trono del súper ya no es tan cómodo
Los últimos datos de cuota de mercado muestran que las grandes cadenas de descuento y regionales logran arañar terreno al líder indiscutible de la distribución en España.

Se acabó la fidelidad ciega en el supermercado. Durante años, la cesta de la compra en España ha tenido un color corporativo muy definido, pero los últimos datos del sector confirman que el gigante del sector ya no es intocable. El primer semestre del año nos deja una foto fija muy reveladora. Mercadona sigue liderando con un contundente 37,1% de cuota de mercado, pero ha perdido una décima por el camino. Parece una minucia, un simple rasguño, pero en el salvaje negocio de la gran distribución cada décima de cuota vale millones de euros. Y lo más interesante es quiénes se están quedando con ese trozo del pastel.
El pelotón de perseguidores ha decidido meter una marcha más. Aldi lidera el asalto con un crecimiento del 0,4%, seguido de cerca por Lidl y Consum, que arañan dos décimas cada uno, mientras Dia se apunta una décima más a su casillero de cuota. No es una casualidad. El bolsillo del consumidor español está al límite y la estrategia de llenar todo el carro en un solo establecimiento ha pasado a la historia. Ahora somos cazadores de ofertas y no nos duele en prendas visitar tres tiendas distintas en una misma tarde para completar la despensa sin dejar temblando la cuenta corriente.
Esta tendencia a diversificar la compra se nota en el día a día. Hace tiempo que la marca blanca dejó de ser un recurso de emergencia para convertirse en la primera opción de muchas familias. El problema es que los precios ya no son tan bajos como antes en ninguna parte, lo que obliga a hilar muy fino. En este escenario de dispersión de tickets, comparar se ha vuelto casi una obligación doméstica. Utilizar una herramienta digital o un comparador de precios como Comparaloo ayuda a poner algo de orden en el caos de folletos, ofertas flash y promociones que nos inundan cada semana, sobre todo cuando los supermercados tradicionales y las cadenas de descuento duro compiten con tanta agresividad por nuestro dinero.
Lidl y Aldi llevan tiempo refinando su fórmula en España. Ya no son aquellos almacenes oscuros y un tanto caóticos de hace dos décadas. Ahora cuidan la estética de sus tiendas, potencian el producto fresco de origen local y mantienen ese gancho indudable de las ofertas semanales en bazar y alimentación. Por su parte, la cooperativa valenciana Consum sigue fuerte en su territorio histórico apostando por la libertad de elección de marcas y un modelo de cercanía que funciona muy bien. Incluso Dia, tras años de reestructuración dolorosa y venta de activos, parece haber encontrado su suelo y empieza a recuperar el pulso con sus tiendas renovadas de barrio.
Mientras tanto, en las oficinas de la cadena líder deben de estar mirando de reojo estos movimientos. Es cierto que una cuota del 37,1% sigue siendo una barbaridad que ya querrían para sí los grandes distribuidores de Francia o el Reino Unido, pero la tendencia es la tendencia. Cuando la inflación aprieta, el consumidor se vuelve infiel por pura supervivencia económica. Al final, que el pelotón recorte distancias es la mejor noticia posible para quienes pagamos al final de la cinta de caja. Obliga a todos a ajustar márgenes y a pensar dos veces antes de subir el precio de un cartón de leche. Veremos si la sangría de décimas continúa en la segunda mitad del año o si el líder saca el rodillo para recuperar el terreno perdido.