El huevo se ha convertido en el nuevo termómetro de la carestía (y nadie habla de ello)
Mientras la atención se la lleva la gasolina, la docena de huevos M-L de El Corte Inglés en Hipercor ha subido un 10,3% en un año. Un repaso a por qué este producto tan aburrido dice más de la inflación real que cualquier estadística general.

Hay productos que suben de precio y apenas los notamos porque los compramos poco. Y hay otros que están en la nevera de todo el mundo, todas las semanas, y por eso cualquier movimiento en su precio se siente como un puñetazo. Los huevos son de la segunda categoría. Según un análisis de Facua, la docena de tamaño M-L de la marca El Corte Inglés en Hipercor pasó de 3,99 a 4,40 euros en un año. Un 10,3% de subida. No es la cifra más escandalosa que vas a leer esta semana, pero es de las que más duelen porque el huevo es de esos productos que la gente compra sin mirar el precio, casi por inercia.
Y ahí está el problema. Llevamos meses hablando del IPC general, de que en agosto la inflación se disparó al 4,3% por los carburantes, y es verdad que la subyacente se mueve algo más moderada. Pero esa foto general esconde que dentro de la cesta hay productos que suben mucho más deprisa que la media, y el huevo es uno de ellos. No hace falta ser analista para saberlo: basta con fijarse en el ticket.
Lo curioso es que el huevo lleva años siendo el ejemplo perfecto de producto commodity, de esos que en teoría deberían moverse poco porque hay mucha oferta y mucha competencia entre cadenas. Pero entre la normativa de bienestar animal, el coste de los piensos y la energía para mantener las granjas, el margen de las productoras se ha estrechado y alguien tiene que pagar la diferencia. Ese alguien somos nosotros, claro.
Lo que sí puede hacer el consumidor es dejar de comprar el huevo en la primera tienda que pille de camino, que es lo que hace la mayoría por costumbre. Las diferencias entre cadenas y entre formatos son notables, y ahí es donde comparar de verdad marca la diferencia, algo que se puede comprobar en un comparador de precios como Comparaloo sin mucho esfuerzo. No va a cambiarte la vida, pero en un producto que se compra cada semana, cada céntimo suma más de lo que parece a final de mes.
Lo que no cuenta Facua, y tampoco nadie por ahora, es hasta qué punto esta subida del huevo va a trasladarse a otros productos que lo llevan como ingrediente: mayonesas, bollería, pasta fresca. Ahí sí que el golpe puede ser más difícil de rastrear, porque no lo ves en un ticket con el nombre del producto, lo ves diluido en el precio final de una tarta o un paquete de galletas. Y para cuando te das cuenta, ya llevas meses pagándolo sin saberlo.