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Supermercado28 de agosto de 20262 min de lectura

La Española sube su facturación un 11% y lo cuenta sin rodeos: ha subido precios para compensar costes

La aceitera factura 93 millones tras trasladar al lineal el encarecimiento de sus costes de producción. Otra pista de que el aceite no va a abaratarse pronto, aunque haya bajado de sus máximos históricos.

La Española sube su facturación un 11% y lo cuenta sin rodeos: ha subido precios para compensar costes

La Española ha cerrado su ejercicio con una cifra de negocio de 93 millones de euros, un 11% más que el año anterior, y la propia empresa lo explica sin necesidad de que nadie le tire de la lengua: ha subido precios para compensar el encarecimiento de sus costes. Y prevé seguir creciendo. No es una confesión, es simplemente cómo funciona el negocio del aceite desde hace tiempo.

Que una aceitera reconozca abiertamente que repercute subidas de costes no debería sorprender a nadie que haya comprado una botella en los últimos años. Envases, energía, transporte, materia prima: todo ha ido a más, y las empresas del sector llevan tiempo trasladando ese incremento al precio final. Lo llamativo es que aquí no hay eufemismos de memoria anual, es la explicación directa del crecimiento en ventas.

El contexto no ayuda demasiado a pensar que esto vaya a cambiar pronto. La inflación ha repuntado en agosto hasta el 4,3%, el dato más alto en tres años, empujada sobre todo por los carburantes, que llevan ocho semanas seguidas al alza. Cuando sube el gasóleo sube también el transporte de mercancías, y ese coste acaba, tarde o temprano, metido en el precio de cualquier producto que viaje en camión hasta el supermercado. El aceite no es una excepción.

Lo curioso es que este dato de La Española convive con la otra cara de la moneda del mismo sector: Acesur, el grupo dueño de Coosur y de la propia La Española, ha visto cómo su beneficio caía a la mitad con un desplome de ventas del 26%. Un mismo mundo, el del aceite, dando resultados opuestos según la marca y el segmento. La foto de conjunto es más confusa de lo que parece cuando solo se lee un titular.

Para quien hace la compra cada semana, todo esto se traduce en algo muy simple: conviene mirar el precio del aceite antes de meterlo en el carrito, porque las diferencias entre marcas y formatos pueden ser notables y no siempre tienen que ver con la calidad. Esto se puede comprobar fácilmente en un comparador de precios como Comparaloo, donde se ve de un vistazo qué supermercado tiene el litro más barato en un momento dado, algo nada desdeñable en un producto que ha pasado de ser una compra rutinaria a una decisión que pesa en el ticket final.

Da la sensación de que el aceite lleva ya varias temporadas como termómetro de la inflación alimentaria en España, primero por la sequía y ahora por la energía y el transporte. Cada vez que una empresa del sector presenta resultados, aparece la misma frase disfrazada de distintas maneras: hemos subido precios y va a seguir siendo así. Que además venga acompañada de crecimiento en ventas dice bastante sobre cuánto margen de maniobra tiene realmente el consumidor para dejar de comprarlo.

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