La pirueta de los precios en el súper: Lidl afloja el acelerador mientras sus rivales aprietan
Una sola cadena rompe la tendencia alcista del mercado bajando precios un 0,3% en el primer semestre, mientras competidores tradicionales del descuento lideran las subidas.

Que la cesta de la compra está intratable no es ninguna novedad para quien arrastre el carro por los pasillos cada semana. Lo que ya no está tan claro es quién se está llevando el gato al agua en esta constante batalla por arañar decimales a la inflación. Los últimos datos de la consultora InfoRETAIL nos dejan un panorama curioso sobre el primer semestre del año. Resulta que, mientras el mercado general de la distribución ha subido sus precios una media del 1,7 por ciento, hay una cadena que ha decidido salirse del carril y tirar hacia abajo. Lidl ha registrado una inflación negativa del -0,3 por ciento en sus lineales. Mientras tanto, enseñas históricamente asociadas al ahorro como Alcampo, junto con Carrefour, lideran las subidas con un incremento del 2,3 por ciento.
Esta bajada de Lidl no responde a la filantropía. Nadie regala duros a pesetas en el negocio del gran consumo. Es una estrategia agresiva de posicionamiento pura y dura para recuperar el trono del descuento. Cuando el presupuesto de las familias está tan asfixiado, un recorte de unas décimas en los productos básicos actúa como un imán potentísimo. Lo llamativo de la situación es el volantazo de Alcampo y Carrefour. Tradicionalmente, la cadena del logotipo rojo competía en el fango de los precios más bajos. Verlos ahora encabezando las subidas del mercado, por encima de la media general, desconcierta a quienes tenían automatizada su ruta de compra barata en esas superficies.
Las cosas han cambiado y las viejas etiquetas de los supermercados ya no sirven de mucho. Para comprobar cómo afecta esto a la cartera real, se puede usar una herramienta online, algo que se ve de manera muy clara al buscar y comparar el coste de llenar el carro en un comparador de precios como Comparaloo, donde las diferencias entre cadenas se hacen evidentes al céntimo. El truco de la distribución siempre ha sido el mismo: compensar las ofertas gancho de unos productos de primera necesidad subiendo sutilmente el precio de otros secundarios que compramos casi sin mirar. Al final, lo que bajan por un lado te lo pueden estar cobrando discretamente en el pasillo de al lado.
¿Nos estamos volviendo locos con tanta oscilación de céntimos en el lineal? Es probable, pero la realidad del bolsillo manda. Lo que estos movimientos demuestran es que la fidelidad ciega al supermercado de toda la vida es el peor negocio que se puede hacer. Ese pequeño descuento de Lidl puede parecer una minucia matemática, pero en millones de tiques de compra supone un golpe sobre la mesa frente a unos competidores que se han relajado demasiado rápido, confiando en que el cliente no cambiaría de acera por pereza. Veremos cuánto dura la resistencia de la cadena alemana antes de que la presión de los costes globales la obligue a sumarse a la corriente general y volver a subir las tarifas de sus estanterías.