La guerra del aceite de oliva se desata con la barrera de los cinco euros rota por Carrefour
La cadena francesa sacude el mercado situando su aceite de oliva virgen extra de marca propia por debajo de los cinco euros por litro. Un movimiento agresivo que obliga a reaccionar a toda la competencia en pleno encarecimiento de la cesta de la compra.

Llevamos meses mirando el estante del aceite de oliva con la misma cara de terror con la que se mira una factura de la luz en pleno enero. Por eso, el último movimiento de Carrefour ha caído como una bomba en los pasillos de la distribución. La cadena francesa ha puesto su aceite de oliva virgen extra de marca propia a 4,94 euros el litro, una cifra que hace no tanto nos habría parecido cara, pero que ahora mismo sabe a gloria bendita. Es bajar de la barrera psicológica de los cinco euros, un territorio que parecía vetado para el llamado oro líquido desde que la sequía y los costes decidieron disparar las etiquetas.
Esta oferta no es una simple promoción de folleto para cubrir el expediente de la semana. Es un misil directo a la línea de flotación de sus competidores más directos. En el sector de los supermercados, el aceite de oliva es el producto gancho por excelencia, ese termómetro que el cliente utiliza para decidir si un establecimiento es caro o barato en su conjunto. Si Carrefour arrastra el precio del virgen extra hasta los 4,94 euros, obliga al resto de operadores a mover ficha casi por obligación. Nadie en la gran distribución puede permitirse el lujo de que el consumidor asuma que la competencia tiene el producto estrella a un precio mucho más bajo.
La reacción de los rivales determinará si estamos ante una tregua real para nuestros bolsillos o solo ante un espejismo pasajero. Las diferencias de precio entre cadenas fluctúan constantemente, algo que se puede comprobar en un comparador de precios como Comparaloo antes de decidir en qué caja vamos a dejar nuestro dinero esta semana. Lo que parece claro es que la marca blanca vuelve a ser el campo de batalla donde se decide esta guerra por la clientela. Ninguna de las grandes enseñas que operan en España va a quedarse cruzada de brazos viendo cómo los compradores cambian de acera atraídos por una garrafa barata.
Pero no todo el monte es orégano ni conviene lanzar las campanas al vuelo antes de tiempo. Históricamente, este tipo de agresividad comercial con productos tan sensibles suele venir acompañada de limitaciones de compra por cliente o de rupturas de stock bastante rápidas en los lineales. Es la clásica jugada de atraer al comprador con el reclamo del aceite rebajado para que termine llenando el carro con otros artículos de alimentación donde el margen de beneficio para el supermercado es mucho mayor y compensa la pérdida. Al final, el negocio de la distribución nunca pierde, solo recoloca sus ganancias de un pasillo a otro.
Habrá que ver si el resto de grandes cadenas de supermercados recogen el guante y deciden rebajar también sus propios aceites para no perder el paso en la batalla del verano. De momento, los consumidores podemos aprovechar este respiro temporal, aunque sepamos perfectamente que la cesta de la compra general sigue estando a niveles que asustan a cualquiera que intente llegar a fin de mes sin hacer encaje de bolillos.