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Supermercado23 de julio de 20262 min de lectura

La factura del frío que vas a pagar en tu próxima compra

Los supermercados españoles afrontan una inversión multimillonaria para adaptar sus sistemas de refrigeración a las exigencias medioambientales europeas, un coste que inevitablemente terminará afectando al bolsillo del consumidor.

La factura del frío que vas a pagar en tu próxima compra

La última factura que nos va a tocar pagar en el supermercado no vendrá de forma directa en el ticket de compra. La patronal Asedas, que agrupa a buena parte de las grandes cadenas de distribución en España, acaba de lanzar una cifra que da escalofríos. Estiman que el sector tendrá que invertir unos dos mil quinientos millones de euros para adaptar todas sus instalaciones de refrigeración al nuevo reglamento europeo de gases fluorados. Es una cantidad gigantesca que obligará a cambiar las tripas de miles de tiendas en los próximos años para cumplir con las exigencias medioambientales de Bruselas.

La teoría detrás de esta norma es impecable porque busca reducir las emisiones de gases de efecto invernadero sustituyendo los refrigerantes antiguos por tecnologías más limpias. ¿De dónde va a salir semejante montaña de dinero? Ninguna empresa de distribución absorbe una inversión de este calibre reduciendo alegremente sus beneficios sin intentar repercutir al menos una parte en el precio final de los yogures, la carne o los congelados. El problema es el de siempre cuando se imponen grandes reconversiones desde los despachos oficiales.

En un mercado tan competitivo como el nuestro, donde los márgenes de beneficio neto suelen ser estrechos y se miden al milímetro, cada céntimo cuenta. Las cadenas llevan años optimizando sus procesos logísticos para arañar rentabilidad, pero esta exigencia ecológica supone un bache imprevisto en sus cuentas. Para el consumidor de a pie, cuyo presupuesto doméstico ya viene bastante castigado por la inflación, la única defensa ante estos sutiles movimientos en la estructura de costes de las cadenas es comparar de forma sistemática en plataformas como el comparador de precios Comparaloo antes de tomar una decisión de compra. Al final, la diferencia entre un establecimiento que ya ha amortizado estas reformas y otro que está en pleno proceso de trasladar los costes al lineal puede ser notable.

Resulta curioso que, mientras los hogares españoles hacen encajes de bolillos para pagar su propia factura de la luz, los supermercados tengan que rascarse el bolsillo de esta manera para mantener el frío industrial. Al final, todo está conectado. El cliente del súper terminará financiando, céntimo a céntimo, los nuevos y relucientes compresores ecológicos que enfriarán las lechugas y las pizzas precocinadas del futuro. Esperemos que, para cuando todas estas obras terminen, quede algo de dinero en las carteras para llenar esas neveras tan eficientes.

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