El verano calienta la cesta de la compra con subidas en ensaladas preparadas y pescados
Llenar el carro en julio volvió a ser más caro por el encarecimiento de los productos frescos y las opciones listas para consumir.

El mes de julio suele ser sinónimo de rebajas en las tiendas de ropa, pero en el supermercado la tendencia ha sido la contraria. Llenar el carro de la compra volvió a costar más durante el pasado mes, concretamente un 0,5% más según el último análisis de la Organización de Consumidores y Usuarios. La cifra puede parecer pequeña, casi insignificante sobre el papel, pero la realidad es que el coste de la cesta mensual media se ha situado ya en los 319,6 euros. Al final del año, estos pequeños mordiscos mensuales se traducen en un boquete considerable para las economías domésticas que ya venían bastante castigadas por la inflación acumulada.
Lo más llamativo de esta última subida es dónde se ha concentrado el golpe. El verano invita a consumir alimentos frescos, rápidos de preparar y ligeros. Pues bien, las ensaladas preparadas en bolsa se han encarecido un 22,95% en apenas un mes. Es una subida espectacular para un producto que compramos precisamente por comodidad. También el pescado ha tirado hacia arriba, con las sardinas subiendo un 17,93% en pleno julio, la época del año en la que más apetecen. El marisco y el pescado fresco en general registraron un incremento medio del 2,75%. Parece que la ley de la oferta y la demanda se aplica con especial dureza cuando el consumidor busca opciones frescas para combatir el calor estival.
Frente a esta situación, la OCU ha vuelto a pedir al Gobierno que baje el IVA de los alimentos básicos al 0%, una medida que aliviaría algo la presión, aunque no resolvería el problema de fondo de los márgenes comerciales. Mientras esa rebaja llega o no, al consumidor solo le queda hilar muy fino. Comparar se ha convertido en una obligación diaria para no dejar el sueldo en el cajero del súper. Esto se puede comprobar en un comparador de precios como Comparaloo, donde las diferencias entre establecimientos para un mismo producto básico a veces justifican de sobra desviar la ruta de compra habitual.
¿De verdad compensa pagar casi una cuarta parte más por unas hojas de lechuga cortadas dentro de una bolsa de plástico? Seguramente la respuesta sea no, sobre todo si tenemos el tiempo mínimo para lavar una lechuga entera en casa. La comodidad se paga cara, y la industria del gran consumo lo sabe perfectamente. El encarecimiento de estos productos de conveniencia demuestra que las marcas y las cadenas de distribución aprovechan nuestros hábitos estivales para rascar unos céntimos más por cada artículo. El pescado y la verdura fresca siguen siendo los puntos críticos de nuestro presupuesto, y con los combustibles y la electricidad de nuevo al alza, no parece que la presión sobre los precios vaya a aflojar en los próximos meses.