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Supermercado14 de agosto de 20263 min de lectura

El recargo por vivir solo que pagas sin darte cuenta en el supermercado

El aumento de los hogares unipersonales, que ya rozan el treinta por ciento en España, está obligando a las cadenas a reducir los tamaños de sus envases, una tendencia que dispara el precio por kilo de la comida.

El recargo por vivir solo que pagas sin darte cuenta en el supermercado

El modelo de familia de dos adultos y dos niños que llenaba el carro hasta arriba los sábados por la tarde está en peligro de extinción. Las estadísticas no mienten. Ya hay casi un 28% de hogares en España donde solo vive una persona. Una de cada nueve personas se las apaña sola en casa, y eso cambia por completo la forma en que compramos. El problema es que los supermercados no siempre se lo ponen fácil, ni barato, a este ejército de solteros, divorciados y ancianos que no necesitan un saco de cinco kilos de patatas ni un pack de doce yogures.

La distribución se está adaptando a marchas forzadas. Los lineales se están llenando de formatos mini, ensaladas listas para consumir en botes diminutos y bandejas con un solo filete de pechuga de pollo. Parece práctico para no tirar comida a la basura, que es el gran drama de cocinar para uno solo. Pero esta comodidad tiene trampa, una muy gorda que afecta directamente al bolsillo. Se llama el impuesto de la ración individual. Las marcas reducen el tamaño del envase, pero el coste de fabricación y envasado casi no varía, lo que encarece el producto final de forma desproporcionada.

Esto se puede comprobar fácilmente usando un comparador de precios como Comparaloo antes de ir a hacer la compra. La diferencia en el coste por kilo o por litro entre un envase de tamaño familiar y uno individual de la misma marca puede llegar a ser del cuarenta por ciento en productos básicos como el arroz, las legumbres cocidas o el tomate frito. Al final, el consumidor unipersonal se encuentra en una encrucijada incómoda. O compra de más y se arriesga a que los alimentos caduquen en la nevera, o pasa por el aro de pagar el kilo de carne a precio de oro por el simple hecho de venir en una bandeja de doscientos gramos.

La industria argumenta que el diseño de estos nuevos envases, la logística de reparto de unidades más pequeñas y el propio proceso de envasado requieren una inversión que hay que amortizar. Pero al cliente que intenta estirar el presupuesto mensual le da igual la teoría económica. Lo que ve es que su ticket de la compra no para de subir aunque su nevera esté medio vacía. Algunas cadenas de supermercados han empezado a reaccionar permitiendo comprar más productos a granel, especialmente en la sección de frutería, pero en los pasillos de alimentación seca y refrigerados la dictadura del plástico y la ración individual sigue mandando.

Al final, la única alternativa real para no salir desplumado del súper si vives solo es tirar de congelador y planificar las comidas con precisión militar. Cocinar para tres o cuatro y congelar en raciones individuales sigue saliendo mucho más a cuenta que comprar los platos ya preparados o los formatos individuales del lineal de frío. Es más aburrido, requiere más tiempo y exige tener un congelador decente, pero el ahorro a final de mes es lo único que mantiene a flote la economía de muchos de estos hogares que, por elección o por circunstancias, tienen que afrontar todos los gastos de la vida con un solo sueldo.

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