El precio de los alimentos nos da una tregua en el aceite de oliva y los tomates
El aceite de oliva suave baja un nueve por ciento y los tomates un siete por ciento, ofreciendo un respiro al consumidor en una cesta de la compra que sigue exigiendo hacer encajes de bolillos.

Ir al supermercado se ha convertido en un deporte de riesgo para la cartera, especialmente cuando pasas por caja y el ticket medio mensual se sitúa ya en unos dolorosos 319,6 euros según los últimos cálculos de la OCU. Es una cifra que asusta a cualquiera que intente llegar a fin de mes sin hacer malabarismos financieros. Sin embargo, entre tanta tensión inflacionaria, los pasillos de la distribución nos están dando algunas alegrías inesperadas durante estas semanas.
El aceite de oliva suave, ese ingrediente esencial de nuestra gastronomía que se había convertido casi en un artículo de lujo, ha registrado una bajada del nueve por ciento en el último mes. No es que hayamos vuelto a las tarifas amigables de hace tres años, pero es un alivio real para las economías domésticas que ya no sabían qué inventar para estirar la botella. A esta tregua se suma el descenso del siete por ciento en el precio de los tomates de ensalada, un producto básico que por fin da un respiro en la sección de frutería. Esta bajada de los productos frescos demuestra que la presión sobre el bolsillo de los consumidores puede aflojar, aunque sea de forma temporal.
¿Significa esto que ya podemos relajarnos al hacer la compra semanal? Lamentablemente no, porque el sector de la alimentación se mueve ahora mismo en un equilibrio muy precario. Mientras celebramos el abaratamiento del aceite o los tomates, los precios de venta de los fabricantes a los supermercados han vuelto a subir ligeramente, rompiendo una racha de dos años a la baja. Para no perderse en este baile de céntimos y aprovechar las ofertas reales de cada cadena, revisar las variaciones de los productos en un comparador de precios como Comparaloo ayuda a exprimir el presupuesto mensual sin tener que ir peregrinando de tienda en tienda.
La situación global tampoco invita al optimismo desmedido a medio plazo. El índice mundial de precios de los alimentos de la FAO ha registrado subidas empujado por el encarecimiento del trigo, que acumula un repunte superior al cinco por ciento desde principios de año debido a las malas cosechas y a la inestabilidad geopolítica. Esto se traducirá, tarde o temprano, en que la pasta, el pan y las harinas volverán a presionar al alza en las estanterías de los establecimientos de barrio.
Al final, llenar el carro de la compra se parece cada vez más a cotizar en bolsa, donde hay que vigilar el momento exacto para adquirir el aceite o esperar a que el calabacín baje unos céntimos para cuadrar el menú semanal. Toca asumir que comer de forma equilibrada exige ahora una atención constante a las etiquetas y a los datos de origen si no queremos llevarnos un susto al llegar a la línea de cajas.