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Supermercado12 de agosto de 20262 min de lectura

El petróleo amenaza con encarecer otra vez tu cesta de la compra este otoño

La posible escalada del crudo hasta los 140 dólares por las tensiones geopolíticas amenaza con trasladarse directamente a los lineales del supermercado a través del transporte de mercancías.

El petróleo amenaza con encarecer otra vez tu cesta de la compra este otoño

Cuando las petroleras tiemblan, el bolsillo del consumidor medio suele acabar pagando los platos rotos. La última advertencia de los analistas apunta a que el barril de crudo podría escalar hasta los 140 dólares este otoño si los problemas de suministro se prolongan y la falta de refino se hace más evidente en los mercados internacionales. Para quien solo se fija en el precio de la gasolina cuando va a llenar el depósito, esto puede parecer un problema lejano. La realidad es que el impacto real se nota mucho más cuando empujamos el carro de la compra por el pasillo del supermercado.

El transporte por carretera es el sistema circulatorio de la distribución alimentaria en España. Casi todo lo que comemos viaja en camión. Si el gasóleo profesional sube de precio, las cadenas de supermercados no tardan ni una semana en trasladar ese sobrecoste al precio final de la leche, las legumbres o la fruta. Ya vivimos esa película durante la última crisis inflacionista y parece que el guion amenaza con repetirse justo cuando la situación empezaba a darnos un pequeño respiro en las cajas.

Hacer malabarismos para llenar la nevera se ha convertido en el deporte nacional. Las marcas blancas han dejado de ser una opción de ahorro para convertirse en la norma en muchos hogares, pero incluso estas opciones más baratas sufren el impacto del transporte. En un escenario donde el coste de mover los alimentos de la huerta al lineal se dispara, la única defensa que nos queda es afinar al máximo la búsqueda de ofertas. Esto se puede comprobar en un comparador de precios como Comparaloo, donde las diferencias entre cadenas para un mismo producto básico a veces compensan el paseo de ir a dos tiendas distintas para hacer la compra semanal.

El problema añadido de esta posible subida del crudo es el momento en el que llega. El otoño suele ser una época de ajustes en los presupuestos familiares tras los excesos de las vacaciones y la vuelta al cole. Si a esta cuesta de septiembre prolongada le sumamos un encarecimiento generalizado de los alimentos por culpa del transporte, la situación se complica bastante para las economías domésticas más ajustadas. Las distribuidoras siempre argumentan que sus márgenes son muy estrechos y que no pueden absorber las subidas del combustible, por lo que el consumidor final actúa siempre como el último eslabón que soporta toda la presión de la cadena de suministro.

Habrá que vigilar de cerca la evolución del mercado energético durante las próximas semanas. Aunque las alarmas de los analistas a veces pequen de catastrofistas, la experiencia nos dice que los precios en los supermercados suben como un cohete cuando sube el petróleo, pero luego bajan como una pluma cuando el crudo da un respiro. Las subidas se aplican casi al instante para proteger los márgenes, mientras que las rebajas siempre se quedan atascadas en algún despacho de la central de compras.

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