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Supermercado13 de agosto de 20263 min de lectura

El menú de diario se queda sin carne ni pescado

La espectacular subida acumulada de la cesta de la compra desde la pandemia está transformando los hábitos de los españoles, que se ven obligados a recortar en alimentos básicos como la ternera o el pescado fresco para cuadrar las cuentas a fin de mes.

El menú de diario se queda sin carne ni pescado

Llenar la nevera se ha convertido en un deporte de riesgo para el bolsillo. No es una exageración de barra de bar, sino la cruda realidad que reflejan los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística. Desde que la pandemia puso patas arriba la economía, la cesta de la compra arrastra una subida acumulada del cuarenta por ciento. Es un porcentaje que asusta sobre el papel pero que duele mucho más cuando toca pasar por caja. Con semejante panorama, los consumidores están haciendo lo único que pueden para sobrevivir al mes, que es cambiar de hábitos a la fuerza y recortar de donde antes parecía impensable.

Las principales víctimas de este tijeretazo obligado son la carne y el pescado. Comer un filete de ternera o preparar una merluza al horno está pasando de ser la rutina de cualquier día de la semana a considerarse casi un capricho. La ternera se ha encarecido un once por ciento en el último año, mientras que el cordero ha subido un siete por ciento. Si miramos a la pescadería, la situación no es mucho mejor porque el pescado fresco ha escalado más de un nueve por ciento. Ante estas cifras, las familias están desplazando su consumo hacia proteínas más baratas o, simplemente, reduciendo las raciones.

Esto se nota especialmente en los hogares con presupuestos más ajustados, donde el menú semanal se planifica ya con calculadora en mano. Muchos han sustituido la ternera por el pollo o el cerdo, que tradicionalmente han sido opciones más asequibles, aunque tampoco se han librado de las tensiones inflacionistas. Otros buscan alternativas congeladas o directamente reducen los días que consumen estos alimentos a la semana. Al final, la dieta de la que tanto presumimos se está resintiendo por pura necesidad económica. ¿Quién puede permitirse comprar pescado fresco varias veces por semana a estos precios?

En este contexto de contención y de mirar cada céntimo, la comparación minuciosa se ha vuelto una herramienta imprescindible para no naufragar antes de llegar a fin de mes. Es algo que se puede comprobar fácilmente en un comparador de precios como Comparaloo, donde las diferencias entre cadenas para un mismo tipo de producto evidencian que rascar unos euros requiere de una estrategia casi militar. Ya no vale con ir al súper de siempre por pura comodidad. Ahora toca diversificar las compras, aprovechar las ofertas puntuales y cambiar de marca sin ningún tipo de fidelidad romántica.

La gran distribución es consciente de este estrangulamiento del presupuesto familiar y por eso hemos empezado a ver movimientos agresivos en las marcas blancas y algunas bajadas de precios en productos muy específicos, pero la realidad es que el alivio es mínimo para el bolsillo medio. Aunque la inflación general amague con dar un respiro de vez en cuando, el acumulado de estos años pesa como una losa. Comer bien se está encareciendo a un ritmo que los salarios no pueden seguir, y el horizonte no parece que vaya a cambiar la tendencia a corto plazo. Toca seguir haciendo malabarismos entre el pasillo de los frescos y el de las legumbres.

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