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Supermercado23 de julio de 20262 min de lectura

El impuesto de verano: por qué la cesta de la compra se dispara cuando sube el termómetro

El calor y el tiempo libre relajan el control que tenemos sobre el bolsillo. Cada visita al supermercado nos cuesta un seis por ciento más debido a productos obligatorios que cotizan a precio de oro.

El impuesto de verano: por qué la cesta de la compra se dispara cuando sube el termómetro

El verano relaja las costumbres, las jornadas laborales y, por desgracia, también la disciplina con la que vigilamos el ticket del supermercado. No es una percepción subjetiva. Los datos confirman que cada vez que pasamos por caja durante los meses de calor nos dejamos un seis por ciento más de media que durante el resto del año. En concreto, el ticket medio roza los 28,88 euros frente a los 27,23 euros habituales.

¿Por qué ocurre esto? La explicación fácil apunta a los caprichos estivales, pero la realidad es más compleja y tiene que ver con necesidades temporales que se pagan a precio de oro. El ejemplo más claro es el protector solar, un producto obligatorio para la salud que este año registra un precio medio de 10,10 euros por envase. Con la radiación ultravioleta no se negocia, y las cadenas de distribución lo saben perfectamente.

A esto se suma que la dispersión de precios entre marcas y establecimientos se agudiza en vacaciones. Comparar tarifas antes de salir de casa, algo que se puede hacer de forma rápida en un comparador de precios como Comparaloo para no pagar de más por la misma marca de crema, se vuelve clave si no queremos que la factura mensual se descontrole por completo antes de llegar a la playa.

El factor psicológico también juega su papel en este encarecimiento estival. El tiempo libre y el calor invitan a improvisar, lo que se traduce en más visitas al súper para comprar bebidas frías, aperitivos de última hora o platos ya preparados como el gazpacho industrial, que nos salvan de encender los fogones con cuarenta grados en la calle. Todo ese picoteo fuera de la planificación de menús habitual suma céntimos que al final de mes se convierten en muchos euros de diferencia.

Al final, el ahorro que logramos al apagar la calefacción durante el verano se nos escapa directamente por el pasillo de la refrigeración y la cosmética. Habrá que asumir que la factura del aire acondicionado no es la única que sube con la ola de calor, aunque siempre nos quedará el consuelo de que una lata de bebida fría mitiga cualquier disgusto financiero.

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