El huevo se corona como la proteína de resistencia en la cesta de la compra
El encarecimiento de la carne empuja a los hogares españoles a buscar alternativas más baratas en el lineal. El consumo de huevos crece con fuerza y se convierte en el gran aliado para salvar el presupuesto mensual.

Llenar el carro de la compra se ha convertido en un ejercicio de equilibrismo financiero. Las familias españolas llevan meses haciendo encajes de bolillos para mantener una dieta equilibrada sin que la cuenta bancaria tiemble cada vez que pasan por caja. En este escenario de resistencia doméstica, la carne de vacuno o incluso el pollo de siempre han empezado a ceder terreno en los menús semanales. El bolsillo manda y la búsqueda de nutrientes asequibles ha coronado a un nuevo rey en la cocina. El huevo ha dejado de ser un simple ingrediente de recurso para repostería o cenas rápidas y se ha erigido en la auténtica proteína de refugio de los hogares.
Los datos de consumo reflejan esta tendencia de manera clara. Las compras de huevos en España han crecido un tres por ciento en volumen, lo que sitúa la media anual en casi ciento cuarenta y cuatro unidades por persona. Comerse casi tres huevos a la semana no es una casualidad gastronómica, sino una decisión económica consciente. Frente a unos filetes de ternera cuyos precios espantan a cualquiera, una tortilla o un par de huevos fritos resuelven una comida por muy poco dinero. Es un alimento completo, se cocina en tres minutos y gusta a casi todo el mundo.
La paradoja de todo esto es que el propio salvavidas tampoco se libra de la marea inflacionista. El precio de la docena de huevos se ha encarecido casi un nueve por ciento en el último año. Aunque la subida es notable, en términos absolutos seguimos hablando de céntimos de diferencia, algo que resulta muy fácil de comprobar si se utiliza un comparador de precios como Comparaloo antes de salir hacia el supermercado. La brecha con los productos cárnicos sigue siendo tan grande que el consumidor asume ese aumento sin pestañear porque la alternativa proteica sigue costando el triple en el mostrador de la carnicería.
Este trasvase de la bandeja de filetes al cartón de media docena dibuja un panorama social un tanto gris. Tradicionalmente, el consumo de carne fresca ha sido un indicador de prosperidad, y ver cómo los hogares retroceden hacia fuentes de proteína más básicas recuerda a épocas que parecían superadas. Los supermercados lo saben y reorganizan sus lineales destacando las ofertas en este tipo de productos esenciales, sabiendo que el cliente va buscando el céntimo. Al final, comer bien ya no es cuestión de preferencias nutricionales, sino de pura estrategia militar frente al estante. A este paso, el huevo frito con patatas, que antes era el plato socorrido de los días de pereza, va camino de convertirse en el menú de gala de la semana, siempre y cuando las patatas, que también han subido con ganas, lo permitan.