El futuro de Carbonell y Hojiblanca se decide en Italia: por qué nos importa quién se quede con nuestro aceite
El grupo italiano Coricelli pone 500 millones sobre la mesa para comprar Deoleo, el gigante detrás de las marcas de aceite de oliva más famosas de España. Una batalla empresarial que toca de lleno al producto más vigilado de la cesta de la compra.

El aceite de oliva es casi una religión en España, pero las marcas que compramos de toda la vida a menudo se juegan su futuro en despachos muy alejados del olivar. La última batalla por el control de Deoleo, la empresa que tiene bajo su paraguas a marcas tan míticas en nuestras cocinas como Carbonell u Hojiblanca, acaba de dar un vuelco importante. El grupo italiano Coricelli ha puesto sobre la mesa una oferta de 500 millones de euros, pidiendo además exclusividad para negociar. Esto supone un jarro de agua fría para las aspiraciones de las firmas españolas Dcoop y Acesur, que también querían hacerse con el gigante aceitero pero cuyas propuestas económicas han quedado por debajo.
A los consumidores nos da un poco igual quién se siente en el consejo de administración, siempre que el precio del litro de virgen extra no nos obligue a pedir una hipoteca. Llevamos meses sufriendo una escalada de precios que ha convertido el aceite de oliva en un artículo casi de joyería. Cuando vemos estos movimientos de cientos de millones de euros entre multinacionales, la sospecha es inevitable. ¿Va a encarecerse todavía más el producto si acaba en manos italianas? No tiene por qué ser una consecuencia directa, pero la concentración del mercado nunca suele ser una buena noticia para el bolsillo del comprador. Al final, menos competencia en el origen suele traducirse en menos ofertas en los lineales de las cadenas de distribución. Esto se puede comprobar en un comparador de precios como Comparaloo, donde las diferencias entre enseñas a veces son mínimas debido a la brutal homogeneización del sector alimentario.
Italia y España siempre han tenido una relación peculiar con el aceite. Nosotros producimos más que nadie, pero ellos tradicionalmente han sido mejores vendiéndolo fuera, a menudo comprando a granel aquí para embotellarlo y exportarlo con su marca. Que Coricelli se quede con las firmas líderes de nuestro país es un movimiento estratégico de manual. Quieren el control del origen y de las etiquetas que la gente reconoce de forma automática cuando va al súper. Para las cooperativas españolas como Dcoop perder esta oportunidad es un golpe duro, ya que aspiraban a integrar toda la cadena desde el agricultor hasta el envase final, una fórmula que teóricamente podría haber ayudado a presionar los precios a la baja o, al menos, a mantener el valor del producto dentro de nuestras fronteras.
Deoleo lleva años arrastrando una deuda pesada y un historial financiero complicado que la ha obligado a buscar un comprador. El fondo CVC, que controla la compañía, busca rentabilizar su inversión de la forma más rápida posible, y ahí los 500 millones de Coricelli mandan frente al componente nacional de las ofertas de Acesur o Dcoop. El dinero no tiene patria, y menos en el sector de la distribución alimentaria. A nosotros nos queda seguir mirando de reojo la etiqueta del aceite y cruzar los dedos para que la próxima cosecha sea buena, porque al final del día la lluvia influye más en lo que pagamos en caja que cualquier pacto en un despacho de Milán. Veremos si la operación se concreta o si las empresas españolas guardan una última carta en la manga para no perder el control de la botella de Carbonell de toda la vida.