El fútbol llena la nevera pero vacía el bolsillo
Las victorias deportivas y los grandes campeonatos disparan las ventas de alimentación y bebidas en España. Las cadenas de supermercados aprovechan la euforia colectiva para incentivar las compras de aperitivos y platos preparados.

La resaca emocional de un gran torneo deportivo no solo se mide en afonías o en camisetas de fútbol vendidas por las esquinas. Se mide, sobre todo, en el ticket del supermercado. Cuando la selección nacional gana o cuando se organiza un evento de calibre internacional, el consumo de alimentación y de bebidas se dispara de forma casi automática. Nos da por celebrar y el dinero fluye hacia las neveras. Parece que la alegría colectiva nos vuelve un poco más desprendidos con la cartera, o al menos eso demuestran los datos de ventas de las últimas semanas tras el empuje del último campeonato.
Las grandes cadenas de distribución conocen este comportamiento del consumidor al dedillo y planifican sus campañas comerciales con meses de antelación. No es casualidad que los pasillos centrales se llenen de bolsas gigantes de patatas fritas, refrescos de dos litros, cervezas y ofertas de última hora en pizzas preparadas o embutidos justo antes de un partido crucial. El problema es que, bajo el paraguas de la fiesta, a veces perdemos el norte con las tarifas de lo que metemos en el carro. Las supuestas ofertas de lote de ahorro para ver el partido en grupo no siempre son tan ventajosas como aparentan a primera vista. De hecho, si uno se toma la molestia de revisar las tarifas habituales en un comparador de precios como Comparaloo, se da cuenta de que el coste por kilo de esos aperitivos especiales a veces supera con creces al del formato individual de toda la vida. La euforia colectiva cotiza muy al alza en los lineales de las tiendas.
Este pico de consumo no es una racha pasajera de dos días de partido. El sector espera que el tirón de las ventas de gran consumo se prolonge a medio plazo gracias al ambiente festivo generalizado. Cuando el clima social es optimista, la gente sale más a la calle, invita más a sus amigos a casa y se permite ciertos caprichos culinarios que en momentos de incertidumbre prefiere recortar drásticamente. Las bebidas, especialmente las cervezas y los refrescos, son las categorías que más exprimen este viento de cola. También las secciones de platos ya cocinados, que resuelven la cena de miles de hogares que no quieren perderse ni un minuto de la televisión.
Al final, los éxitos deportivos se convierten en una tregua psicológica para el bolsillo de muchos hogares, aunque la inflación alimentaria real siga ahí, esperando pacientemente a que se acabe la música de las celebraciones. El verdadero examen vendrá cuando se apaguen los focos del estadio y toque volver a la rutina de ajustar el presupuesto mensual para llegar a fin de mes. Mientras tanto, los camiones de reparto siguen descargando palés de refrescos y aperitivos a un ritmo frenético.