Comer en casa sale más caro pero los bares ya no son el refugio
Los españoles volvemos a comprar más alimentos tras cinco años de caídas, pero el coste de llenar la despensa se dispara muy por encima de lo que realmente consumimos.

El Ministerio de Agricultura acaba de publicar las cifras del consumo alimentario en España y los datos confirman lo que cualquiera nota al pasar por caja. Volvemos a llenar la despensa doméstica con algo más de alegría, al menos en volumen, tras un lustro de caídas consecutivas. Hemos rozado los 30.800 millones de kilos de comida en el último año analizado, un tímido incremento del 0,4 por ciento que rompe una tendencia preocupante. El problema llega cuando miramos la otra columna de la libreta de gastos, la del dinero que sale de la cuenta corriente. Ese levísimo aumento en la cantidad de comida se ha traducido en un mordisco mucho mayor para el bolsillo, con un gasto total que se dispara por encima de los 123.000 millones de euros.
La radiografía por habitante asusta un poco si se mira en perspectiva. Cada español consumió de media 682 kilos o litros de alimentos a lo largo del año, una cifra lógica para mantenerse sano. Sin embargo, la factura anual por cabeza ha escalado hasta los 2.873 euros. Esto supone pagar un 3,4 por ciento más que el año anterior por llevarse prácticamente lo mismo a la boca. La conclusión es evidente. No es que estemos comiendo más o mejor, es que la inflación sigue haciendo estragos en los productos básicos y llenar la nevera se ha convertido en una actividad de riesgo para las economías familiares más ajustadas.
En este escenario de resistencia doméstica, los hábitos de ocio también se resienten. El informe muestra que los bares y restaurantes se están estancando mientras el gasto dentro del hogar sigue ganando terreno. Parece que la vieja táctica de recortar las salidas de fin de semana para proteger el presupuesto semanal funciona, pero solo a medias. Al final, el dinero que ahorramos al no pedir esa ración en la terraza del barrio se nos va directamente en el tique del supermercado. Para mitigar este impacto, la única opción real es comparar hasta el último céntimo antes de meter nada al carro. Esto se puede comprobar en un comparador de precios como Comparaloo, donde las diferencias entre cadenas evidencian que el ahorro es posible si se planifica bien la ruta de compra.
El ministro Luis Planas ha querido poner el foco en la recuperación del volumen de consumo como un síntoma de normalidad y estabilidad en los hogares. Quizá desde el despacho oficial las cosas se vean con más optimismo, pero a pie de pasillo la sensación es muy diferente. La realidad es que el presupuesto familiar se estira como un chicle para cubrir las mismas necesidades de siempre. Habrá que ver si esta tendencia a cocinar entre cuatro paredes se consolida o si el bolsillo ciudadano terminará por decir basta ante unos precios que no dan tregua.